Quien tiene la maña no necesita la fuerza — y Roberto Alvarado tiene la maña y encima la fuerza. El Pirata, como lo conocen en Guadalajara y en todos los estadios de Liga MX que lo han sufrido, nació en 1998 y se convirtió en uno de los extremos más entretenidos de ver en México: desequilibrante, vertical, con ese descaro que las Chivas producen de vez en cuando y que los rivales reciben con resignación. En una encuesta entre porteros de Liga MX, Alvarado fue elegido tres años consecutivos como "el jugador al que menos quiero ver venir de frente". Él lo sabe. Por eso sonríe cuando acelera.