El que sabe esperar recibe lo que merece. Luis Romo nació en Culiacán en 1995 y construyó su reputación como mediocampista a base de partidos serios, sin escándalo y sin declaraciones incendiarias. Organizador del juego, cómodo en el doble pivote, con esa capacidad de hacer que el equipo funcione mejor sin que nadie señale exactamente por qué. En Cruz Azul fue pieza fundamental de una época ganadora. En la selección es el tipo de jugador que el técnico quiere y la televisión a veces no sabe bien cómo narrar. No necesita que lo narren. Necesita que le den el balón.