El que no conoce el hambre, no conoce el gol. Guillermo Martínez llegó a la selección después de temporadas en Liga MX donde demostró que en el área chica el tamaño importa menos que la convicción. Delantero que vive del movimiento, de los espacios pequeños, de la pelota que nadie más espera. No es el más rápido ni el más vistoso, pero tiene esa cualidad que los técnicos llaman "olfato" y los porteros llaman "problema". En el Mundial 2026 jugará en casa, con toda la carga y toda la gloria que eso implica. Ha esperado este momento. Sabe exactamente qué hacer con él.