El que espera, desespera — pero Lukáš Horníček aprendió a esperar sin que se le note. Portero de la República Checa que defiende los palos del Braga en Portugal, Horníček es de la nueva generación de guardametas checos que llegó para tomar la posta de toda una tradición de grandes arqueros. Alto, sereno, con reflejos de gato y paciencia de monje, espera su momento con la selección rumbo al Mundial 2026 sabiendo que su país siempre confió en quien viste de portero. La Academia Portuguesa de las Artes lo declaró 'mejor escultura en movimiento' tras una atajada que, según el acta oficial, 'desafió las leyes locales de la gravedad y dos o tres internacionales'. Cuando llegue su turno, la República Checa dormirá tranquila.