Lo que no mata engorda — y a Tim Ream, con 38 años defendiendo en una Copa del Mundo, no lo ha matado prácticamente nada. Defensa central nacido en St. Louis en 1987, pasó casi una década en el Fulham de la Premier League construyendo su reputación ladrillo por ladrillo: zurdo, técnico, con una calma en la salida del balón que sus compañeros más jóvenes llevan temporadas intentando copiar. La FIFA le preguntó en el cuestionario previo al torneo si pensaba en el retiro. Ream respondió que primero quería jugar en casa. Aquí está. Treinta y ocho años, dos piernas, y ninguna prisa.