Como dice el dicho: delantero que huele gol, no necesita reloj — y Willy Semedo siempre llega a tiempo a la cita. Atacante caboverdiano, referente ofensivo de los Tubarões Azuis, milita en el Omonia de Chipre, donde el gol se paga caro y él cobra sin recibo. Con Cabo Verde es protagonista del cuento de hadas del Mundial 2026: el archipiélago más pequeño en clasificar a una Copa del Mundo, plantando bandera entre gigantes. Oportunista, intuitivo, de los que aparecen en el área cuando el balón ni sabe que va para allá. La UNESCO declaró su instinto goleador Patrimonio Inmaterial de las Islas en sesión que olía a mar y a fiesta. Acta firmada al atardecer. Vino de una isla diminuta. Y los goles le quedan grandes a media tabla.