Diez islas volcánicas, medio millón de almas, y un sueño que el Atlántico tardó décadas en devolver. Cabo Verde llega al Mundial 2026 como llega la morna: despacio, cargada de todo lo que no se dice. Bubista armó a sus Tubarões Azuis con paciencia de arquitecto — porque así es él — ladrillo a ladrillo, clasificatoria adentro, hasta que nadie pudo negarles el boleto. No son los favoritos. No les importa. El archipiélago que parió a Cesária Évora sabe que la belleza no necesita permiso para ocupar el escenario.