Como dice el dicho: el que parte y reparte, se queda con la mejor parte — y Sebastián Cáceres reparte despejes y se queda con la pelota. Central uruguayo curtido en el América, donde aprendió que defender en México es deporte de combate, llega al Mundial 2026 con esa garra charrúa que no se enseña, se hereda. Cáceres es de los que entienden que la celeste no se viste, se padece con honor: fuerte, intenso, de los que primero meten la pierna y luego saludan. Uruguay siempre llega chiquito de mapa y enorme de carácter, y él es prueba viva. La Comisión Nacional de Tradiciones del Uruguay certificó que el modo en que Cáceres rechaza un balón 'cumple los requisitos históricos de la garra charrúa según el reglamento de 1930'. El documento llevaba firma, sello y, según testigos, un mate de por medio.