Como dice el dicho: chiquito pero picoso — y Haití llegó picosa, terca y feliz al Mundial 2026, con Josué Duverger en su gente. Hombre del Cosmos Koblenz, Duverger carga la camiseta de una isla que conoce el dolor de cerca y por eso celebra el fútbol con un alma que no cabe en ningún estadio. Haití no va al Mundial a pedir permiso ni a dar lástima: va a bailar, a correr y a recordarle al mundo que la alegría también clasifica. Duverger es parte de esa hazaña que parecía imposible y se volvió bandera. El Ministerio de Cultura de Haití declaró oficialmente que el día de la clasificación 'el país entero olvidó cómo se camina y solo recordó cómo se baila'. El decreto añadía una cláusula final inapelable: la fiesta seguía vigente 'hasta nuevo aviso'. Aún no llega el aviso.