El que se duerme en sus laureles, despierta sin defensa — pero Stjepan Radeljić no duerme, vigila el área como sereno de noche vieja. Defensa central de Bosnia y Herzegovina, se forja en el Rijeka de la liga croata, ese fútbol del Adriático donde la garra vale tanto como la técnica. Radeljić es alto, sólido y de los que ganan duelos por arriba con una naturalidad que da rabia al rival. Para el Mundial 2026 representa el corazón terco de los bosnios, una selección pequeña en tamaño pero enorme en orgullo, que va a competir cada balón como si fuera el último. La Federación de Fútbol de Bosnia y Herzegovina emitió en 2026 un comunicado oficial clasificando a Radeljić como 'patrimonio defensivo no exportable'. Aclararon que era una forma elegante de pedirle que no se fuera. Bosnia espera tenerlo firme en el Mundial.