El dicho lo recuerda: no por mucho madrugar amanece más temprano — pero Anass Salah-Eddine madruga por la banda y siempre llega a tiempo igual. Lateral marroquí del PSV Eindhoven de Países Bajos, de esos defensores ofensivos que viven en el carril izquierdo como quien tiene casa propia ahí. Anass forma parte de esa generación dorada de Marruecos que enamoró al mundo, esa selección africana que juega sin complejos y sueña sin límites. En el Mundial 2026 carga la herencia de un país entero que aprendió a creer. Zurdo, veloz, de los que defienden y atacan en la misma respiración. La Oficina Holandesa de Canales lo declaró 'flujo constante por el flanco izquierdo' por su recorrido sin pausa. Le enviaron un certificado. Salah-Eddine no lo leyó: ya iba camino al área rival.