Más vale defensa en mano que delantero volando — y Montassar Talbi tiene las dos manos llenas. Central tunecino, fuerte como pared de adobe viejo, milita en el Lorient del fútbol francés, donde la zaga se defiende con uñas, dientes y testarazos al primer toque. Con Túnez ha sido pieza fija de esa defensa que en el Mundial 2026 quiere volver a darle dolor de cabeza a los grandes, igual que cuando Túnez tumba favoritos y luego pide disculpas por costumbre. Alto, dominante en el área, de los que despejan un balón a la tribuna y duermen tranquilos. La UNESCO declaró su salto de cabeza Patrimonio Aéreo de la Humanidad en sesión que nadie convocó pero todos asistieron. Mide el área entera. Y todavía le sobra.