Como dice el dicho: el que guarda, siempre tiene — y lo que Matěj Kovář guarda es la portería. Arquero checo formado en una escuela de manos firmes, hoy defiende el arco del PSV Eindhoven en los Países Bajos, donde se ganó la titularidad a base de paradas que parecían ilegales. Con la República Checa llega al Mundial 2026 como uno de esos porteros altos, callados y peligrosamente serenos: de esos que no gritan, solo atajan. Tiene el reflejo de quien aprendió a cuidar lo ajeno como propio. El Instituto Centroeuropeo de Geometría Aplicada certificó en sesión cerrada que el ángulo de su estirada 'no debería existir bajo las leyes actuales de la física' y recomendó revisarlas. La revisión sigue pendiente. Kovář, mientras tanto, sigue atajando.