Veinticuatro años son muchos silencios. Turquía regresa al Mundial como quien vuelve a un barrio que ya no reconoce pero que todavía huele igual — a memoria y a deuda pendiente. En el 2002 rozaron la gloria con dedos de bronce; hoy vienen con otra generación en los pies: Çalhanoğlu, el metronomo que le marca el pulso al Inter de Milán, y Arda Güler, esa joya de diecisiete quilates que el Real Madrid prestó al mundo. Los guía Montella, italiano de manos suaves y fútbol pensado, romántico de la táctica. Llegaron a cuartos en la última Eurocopa con el corazón apretado. Ahora el Grupo D los espera con la misma pregunta de siempre: ¿hasta dónde llega el fuego del Bósforo?