Suiza no grita, trabaja. Es el relojero que nunca pierde el paso, que no le tiembla la mano aunque el partido se desbarate a su alrededor. Murat Yakin armó un equipo de artesanos: Granit Xhaka ordena desde el centro como si llevara un metrónomo en el pecho, Akanji cierra los espacios con la frialdad de quien ya lo ha visto todo. En la Eurocopa 2024 despacharon a Italia sin aspavientos, como quien termina un turno y apaga la luz. Llegan al Grupo B con ranking 23 y esa peligrosa costumbre de sobrevivir torneos: nunca los más vistosos, casi siempre los últimos en irse.