Dieciséis años es mucho silencio para un país que alguna vez cantó al mundo entero. Los Bafana Bafana regresan sin nostalgia, con hambre nueva — la que se cultiva en la oscuridad. Hugo Broos, belga de manos pacientes, los reconstruyó ladrillo por ladrillo, como quien levanta una casa en tierra que ya sabe temblar. Themba Zwane lleva el balón pegado al pie como si lo hubiera heredado de la calle. Lyle Foster carga en la espalda el peso de una generación que creció viendo el 2010 por televisión, jurándose que algún día también ellos. El once de junio, el Azteca los recibirá con un rugido que podría asustar a cualquiera — pero esta selección ya aprendió a escuchar el silencio. Ahora viene a romperlo.