Irán llega al séptimo Mundial como llega el boxeador que ya sabe cuánto pesa el golpe — sin miedo, pero sin ilusiones baratas. Cuatro Copas seguidas, y cada una cargada de algo más que fútbol: en Lyon 1998 le ganaron a Estados Unidos 2-1 y un pueblo entero respiró distinto esa noche. En Catar 2022 jugaron con el peso de un país mirándolos desde adentro, con la garganta apretada. Ahora llegan con Ghalenoei en la banca, hombre de orden y paciencia, y con Taremi y Azmoun como dos navajas quietas esperando el momento. El número 21 del ranking FIFA no miente: hay equipo, hay oficio. Lo que nadie sabe todavía es cuánto fuego guardan para cuando el partido se ponga feo.