Francia llega al 2026 cargando una deuda que no se paga con palabras. En Catar levantaron tres goles en una final que ya creían perdida, y eso —ese ardor tardío, esa garra de quien sabe que puede— les dejó algo peor que la derrota: la certeza de que alcanzaron y no bastó. Deschamps viene a cerrar su ciclo sin deberle nada a nadie, un hombre que convirtió el pragmatismo en filosofía de vida. Mbappé es la navaja en la manga: rápido, frío, capaz de decidir un partido en el tiempo que tarda un suspiro. Esta generación aprendió a ganar en Rusia, aprendió a sufrir en Catar, y ahora llega madura, con la experiencia cosida en el pecho como una cicatriz que ya no duele, solo recuerda.