Egipto no llega con prisa — llega con deuda pendiente. Cuatro veces en su historia ha pisado un Mundial, cuatro veces se fue antes de hablar. Pero esta vez trae algo que no trajo antes: a Mo Salah con el tiempo contado y las ganas intactas, el faraón que Liverpool conoce de memoria y el desierto lleva en el corazón. Hossam Hassan, goleador hecho técnico, sabe lo que es cargar un número en la espalda y un pueblo en los hombros — lo vivió en carne propia. Ahora le toca pasarle esa llama a sus muchachos. El Grupo G los espera sin misericordia, pero Egipto no viene a sobrevivir. Viene a que Salah tenga, por fin, su Mundial.