Cincuenta y dos años cargando la vergüenza de aquel 9-0 que Yugoslavia le marcó cuando todavía se llamaban Zaire. Medio siglo después, la República Democrática del Congo regresa al mundo con otro nombre y la misma hambre sin resolver. Desabre los ordena, los afila, pero el fuego viene de ellos: Bakambu que encontró goles donde nadie los buscaba, Wissa que dribla con el descaro del que no tiene nada que perder, Mbemba que defiende como quien cuida algo sagrado. Un país tan grande que cabe Europa entera dentro, con talento regado por media Europa ajena. Llegan al Grupo K sin ruido mediático pero con la cuenta pendiente más vieja del torneo. Esta vez no vienen a completar el cuadro.