Llegaron a México 86 sin marcar un gol y se fueron callados, como quien llega a una fiesta y no encuentra dónde poner las manos. Cuarenta años después regresan como dueños de la casa — literalmente. Canadá ya no toca la puerta: abre de par en par y pone la música. Davies vuela por la banda izquierda como algo que no debería existir en ningún libro de táctica. David convierte con la frialdad del que sabe que llegó su momento. Y Marsch, el técnico gringo que habla con los brazos y cree en lo que predica, los tiene convencidos de que este no es un regalo por ser anfitriones — es una deuda cobrada. Llegaron a Qatar 22 a perder tres y a aprender. Ahora regresan distintos: sin miedo al tamaño del escenario, sin disculpas por ocupar espacio. El árbol de hoja roja tardó mucho en dar sombra en esto del fútbol. Pero ya la da.