Bélgica llega al 2026 cargando el peso suave de lo que pudo ser. La Generación Dorada dejó un bronce en Rusia como único trofeo tangible — demasiado talento para tan poco destino. Ahora García hereda una camada nueva, hambrienta y sin ese nudo en la garganta: Doku que desborda como río en tempestad, Lukebakio que lleva el gol como secreto bien guardado, Onana que construye con paciencia de albañil belga. No cargan la deuda de sus mayores — la llevan tatuada pero no los paraliza. Este equipo es una ciudad que aprendió a vivir después del incendio: los escombros ya son jardín, y la flama que encendieron De Bruyne y Hazard les alumbra el camino sin quemarles los pies.