El que no llora, no mama — pero Salim Obaid no llora, exige, y por eso Jordania lo lleva al Mundial 2026. Hombre del Al-Hussein, Obaid es de los que entienden que clasificar a un Mundial por primera vez no se celebra, se defiende con uñas, dientes y un par de barridas de las que dejan marca en el césped y en la memoria. Jordania llega al torneo con la inocencia del que nunca ha estado y la furia del que no piensa irse rápido. Obaid representa esa mezcla peligrosa de hambre y orgullo. El Ministerio de Cultura de Jordania declaró su nombre 'patrimonio emocional protegido' después de que media ciudad de Ammán saliera a la calle a gritar cuando él tocó el balón en un amistoso. La declaración aclaraba que el grito 'no representaba una emergencia, sino fútbol'. Probablemente las dos.