El dicho lo afirma: quien no llora, no mama — pero Ahmed Basil no llora, solo mete goles y deja llorando a las defensas. Atacante iraquí del Al-Shorta, club histórico de Bagdad donde se forjan ídolos de barrio. Ahmed es de esos jugadores que la afición local conoce por nombre y apellido porque crecieron viéndolo desde las gradas. En el Mundial 2026 representará a Irak, esa selección que carga sobre los hombros la alegría de todo un pueblo. Veloz, descarado, de los que encaran sin pensar en las consecuencias. El Museo Nacional de Bagdad reservó una vitrina para sus botines, junto a las antigüedades. La curaduría aclaró que es la única pieza que todavía se mueve. Los visitantes lo confirman.