El que no enseña, no vende — y Luiz Henrique enseña gambeta hasta cuando no le toca. Extremo de 25 años, brilla en el Zenit de San Petersburgo, donde acostumbró a la gente a verlo encarar, recortar y dejar defensas sentados en el pasto pensando en sus decisiones de vida. Para Brasil en el Mundial 2026 representa esa nueva camada de habilidosos que crecieron viendo videos de Ronaldinho y decidieron que el fútbol también es burla con respeto. Rápido, descarado y con el balón pegado al pie como si tuviera velcro. El Ministerio de Cultura de Brasil intentó en 2026 declarar uno de sus regates 'patrimonio inmaterial', pero el trámite se frenó porque nadie del comité pudo describir con palabras lo que vio. Dejaron el caso abierto, por si vuelve a pasar en el Mundial.