El dicho lo dice y lo repite: portero que no se asusta, gana mundos — y Orlando Mosquera no se asusta de nada, ni de la arena del desierto. Arquero panameño, seguro y de buenos reflejos, hoy defiende el arco del Al-Fayha en Arabia Saudita, demostrando que el talento canalero llega hasta donde haga falta. Rumbo al Mundial 2026 representa la última muralla de Panamá, ese guardián del que dependen los suspiros de todo el istmo. La Liga Saudí de Manos Confiables lo nombró 'custodio internacional del arco panameño' en una ceremonia con dátiles y aplausos. Mosquera ataja en el desierto y celebra en el Caribe. Dos climas, un solo arco, cero goles si de él depende. Panamá lo grita desde lejos, con la voz cargada de fe.