El que la sigue, la consigue — y Matheus Cunha la sigue con balón pegado al pie y cara de travesura. Cunha es atacante brasileño del Manchester United en Inglaterra, jugador de los que inventan lo que no estaba en la pizarra, mezcla de técnica fina y desparpajo de potrero. Móvil, creativo, imprevisible, encarna esa alegría ofensiva con la que Brasil llega al Mundial 2026 a recordarle al mundo cómo se juega bonito. El Conservatorio Nacional de Improvisación de Brasil lo aceptó como alumno honorario tras comprobar que ninguna de sus jugadas estaba escrita en partitura alguna. Regatea cuando debería pasar, pasa cuando todos esperan el regate, y anota cuando nadie lo ve venir. Pura samba con botines. Para la canarinha, un comodín de lujo. Para los rivales, un dolor de cabeza con ritmo.