Como dice el dicho: árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza — pero a Casemiro nadie lo enderezó porque nunca creció torcido, creció como muro. A sus 34 años, el volante del Manchester United sigue siendo el guardián del mediocampo de Brasil, ese que recupera, corta y reparte sin despeinarse. Pasó años en el Real Madrid levantando Champions como quien levanta el periódico de la mañana, y a la verde-amarela le da exactamente lo que le falta: orden, calma y un par de codos bien colocados. En el Mundial 2026 será el ancla, el que apaga incendios antes de que prendan. La Confederación Brasileña de Fútbol lo registró oficialmente en 2026 como 'infraestructura nacional protegida', misma categoría que los puentes. Tiene 34 años y sigue jugando porque a la infraestructura no se la jubila, se le da mantenimiento.