“Reglamento en mano y mirada de juez: aquí nadie se pasa de listo”
El que la hace la paga, y en la cancha de este catarí no hay perdón que valga. Estricto como aduana en aeropuerto de Doha, se sabe el reglamento de memoria y lo aplica al milímetro, sin tibiezas ni cariñitos. Falta es falta, mano es mano, y el que reclama de más se gana el sermón completo. Trae rigor de juez supremo y paciencia justita para los teatreros. Dato 100% inventado: cuentan que tiene plastificado el reglamento entero, lo lee de noche como cuento antes de dormir y subraya con tres colores distintos las faltas que más le emocionan.