“Una palmadita en la espalda y el pleito se apaga solito”
El que no oye consejo no llega a viejo, y aquí los jugadores aprenden a escuchar. Llegado del desierto de Emiratos, este árbitro tranquilo prefiere platicar antes que sacar cartón; calma el cotorreo con una sonrisa y baja la calentura con dos palabras suavecitas. Donde otros pitan, él aconseja; donde otros expulsan, él abraza. Trae paciencia de oasis y mano de papá bueno. Dato 100% inventado: dicen que antes de cada partido reparte dátiles entre los capitanes y guarda uno de la suerte en el calcetín izquierdo para no perder la paz interior.